← Volver al inicio

Ocho marcos retóricos que hay que desmontar.

Cuando hablamos de aborto y justicia reproductiva en Puerto Rico, hay un puñado de marcos que se repiten hasta que suenan razonables. No lo son. Están diseñados para parecer neutrales, científicos o preocupados, mientras corroen acceso que ya tenemos. Aquí van los más comunes, uno por uno.

  1. El "referido neutral" disfrazado de objetividad.

    Cuando quien solicita una investigación tiene un historial documentado de impulsar proyectos para restringir el aborto y criminalizar clínicas, el referido deja de ser fiscalización. Es la continuación de una agenda por otros medios. La neutralidad exige no tener piel en el juego — y aquí la piel lleva años puesta.

  2. "Turismo abortista" como vergüenza territorial selectiva.

    La misma gente que celebra cuando Puerto Rico es destino para turismo médico, inversión o retiro invoca la vergüenza territorial sólo cuando se trata de derechos reproductivos. La vergüenza es pretexto. Lo que se quiere cerrar es el acceso.

  3. Monopolización del "hecho" frente a la "opinión".

    La narrativa antiderechos se pinta con la ciencia y la ley, y a quienes defendemos los derechos nos dejan con "opiniones". Pero el estado de derecho vigente, las propias agencias del gobierno y la jurisprudencia constitucional disienten de esas supuestas certezas. Lo que venden como hecho es posición ideológica con ropa de neutralidad.

  4. "Mirar para el lado" como chantaje moral.

    Defender el derecho al aborto no es complicidad con nada. Complicidad de verdad es la que asume quien empuja políticas que llevan a abortos inseguros, muertes evitables y personas gestantes criminalizadas por buscar atención médica. La acusación es una inversión: quien acusa de mirar para el lado suele ser quien se voltea ante las consecuencias de lo que propone.

  5. Inversión de cargas: el referido como si fuera prueba.

    Un referido es una acusación, no una conclusión. Tratarlo como evidencia contra las fiscalizadas — antes de cualquier proceso — subvierte el debido proceso y le permite a quien acusa cobrar políticamente sin haber probado nada. Convierte el aparato fiscalizador en un megáfono.

  6. Carpeteo médico como modus operandi.

    Hay un patrón documentado: vistas legislativas usadas como interrogatorios, testimonios sacados de contexto, nombres y rostros expuestos públicamente, referidos selectivos contra proveedoras. Llamarle fiscalización es generoso. Es una operación de intimidación contra quienes ofrecen el servicio, presentada como transparencia.

  7. "Proteger a les menores" como puerta de entrada.

    Los estudios confirman, una y otra vez, que el parto en menores es más peligroso que el aborto en menores. Y sin embargo, las investigaciones selectivas sólo caen sobre lo segundo. La figura de la menor es la puerta. El objetivo es criminalizar la práctica completa, paso a paso.

  8. "Indicación terapéutica" reducida a formulario.

    La decisión médica de terminar un embarazo no cabe en un checklist. Reducir la indicación terapéutica a un formulario convierte al personal médico en burócratas del estado, y le permite al estado negar servicios con apariencia de legalidad. La apariencia es el punto — no la protección.